Catedral

Tres nuevos canónigos, todos párrocos, toman posesión en la Catedral de Valladolid: “Que el Cabildo sea parábola de comunión"

22 de junio de 2026


Al unísono, uniendo su voz como si una sola fuera, haciendo signo sonoro la “comunión” a la que tantas veces aludió esa misma tarde en su homilía el Arzobispo, profesaron su fe y prestaron juramento tres nuevos canónigos para la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Valladolid antes de tomar posesión de sus canonjías y ponerse sobre la cabeza el bonete, el reconocible sombrero de cuatro picos de uso común en entornos eclesiásticos.

Se confirmó, así, el refuerzo y la renovación del Cabildo Catedralicio con la toma de posesión de Jesús Álvaro Sancho, Juan Pablo Hervada y Guillermo Camino, quienes ya desde el pasado mes de febrero, fecha de su nombramiento, vienen trabajando por y para la Seo.

Tres nuevos canónigos —el cuarto, el sacerdote castrense Óscar Martín, no tomó posesión al tener su nombramiento un carácter honorario— que son, a su vez, párrocos. Y que lo seguirán siendo en sus respetivas parroquias tras tomar posesión de esta nueva encomienda. Al igual que el deán, Manuel Fernández Narros, elegido el verano pasado. Un signo de que “hoy, la realidad” del Cabildo, como expresó el Arzobispo de Valladolid, monseñor Luis Argüello, “es distinta”, pero también de que la relación entre Catedral y parroquias, tanto de la ciudad como de la provincia, ha de ser “inseparable”.

Y así lo demuestra el hecho de que Sancho, párroco de San Lorenzo, represente con su canonjía a esta céntrica parroquia de la ciudad de Valladolid; Camino, a la comunidad parroquial de Zaratán; y Hervada, a los fieles de otros municipios más pequeños y alejados de la capital, como Wamba, Robladillo, Ciguñuela y Castrodeza. Porque la Catedral, como significó monseñor Argüello, es “Iglesia madre” y “casa de todos”.

El nombramiento de Jesús Álvaro Sancho y Guillermo Camino tiene, además, un componente singular, puesto que seguirán perteneciendo al Cabildo en tanto en cuanto sigan siendo, el primero, párroco de San Lorenzo, y el segundo, delegado de Religiosidad Popular, lo que une aún más a la Patrona y Alcaldesa Perpetua de Valladolid —Nuestra Señora la Virgen de San Lorenzo— y a las cofradías de Semana Santa y de gloria a la vida de la Seo vallisoletana.

En el caso de Juan Pablo Hervada, miembro también del Secretariado de Cultura del Arzobispo de Valladolid, a quien monseñor Argüello ha nombrado prefecto de música, denota la importancia que para el Arzobispo tiene que, en la liturgia en la Catedral, se cuide “de una manera especial toda su belleza, todo su significado”. También a través de la música.

“La Catedral”, encomendó el Arzobispo ante los nuevos y antiguos miembros de un Cabildo que cuenta actualmente con ocho canónigos —varios habiendo alcanzado ya la edad de jubilación—, “ha de ofrecer espacio para el Sacramento del Perdón, ha de ser un foco que transforme la liturgia en forma de vida y está llamada también a ser un lugar que sea foro de cultura desde la luz de la fe en expresiones musicales, artísticas y de pensamiento”. Reconociendo, así, el papel que tienen el Museo Diocesano y Catedralicio y el Archivo General Diocesano, cuyas instalaciones se encuentran en el Conjunto Catedralicio.

“No tengáis miedo a la comunión”

La del 21 de junio fue una celebración “de especial significado”, como atestiguó en su monición de entrada Carolina Pascual, delegada de Apostolado Seglar y miembro del Consejo Episcopal, quien resaltó la importancia del Cabildo Catedralicio para “sostener la vida litúrgica, espiritual y pastoral” de esta Iglesia “madre”, en alusión a la Catedral.

Una Catedral que “es el corazón visible de la comunión diocesana”, apostilló Iván Redondo, compañero de Pascual en el grupo de Acción Católica General conformado en Zaratán.

En esta misma línea, el Arzobispo de Valladolid expresó la importancia de que el Cabildo Catedralicio “sea una parábola de la comunión del presbiterio” y que sus miembros “tengan un celo especial por cuidar la comunión” en los distintos niveles de la realidad de la Iglesia diocesana, representada en esta celebración por un gran número de fieles, presbíteros, así como el canciller-secretario del Arzobispado, Alberto Muñoz, quien dio lectura a los nombramientos, y el vicario general de la Archidiócesis, Jesús Fernández Lubiano.

Con una Asamblea Diocesana convocada ya para el próximo curso pastoral y un primer acto de esta Asamblea —una encuesta en parroquias y templos parroquiales— ya ejecutado, monseñor Argüello invitó “a todos” a “dar un paso adelante” y a “tomar conciencia de que somos Iglesia”. Al calor, además, del reciente viaje apostólico del Papa León XIV a España, el prelado advirtió que el “despertar” que ha supuesto “ha de manifestarse” para llevar consigo “aquello de lo que la Iglesia es depositaria: el misterio de la salvación que arranca de nuestros corazones el miedo”. “No tengáis miedo a la comunión” y “a ser testigos valientes del Evangelio, cada uno según la vocación a la que hemos sido llamados”, exhortó, encomendando a los nuevos canónigos y a la Iglesia vallisoletana en su conjunto a la Virgen del Sagrario, patrona de la Catedral, y a la Virgen de San Lorenzo, patrona de la ciudad de Valladolid, para que “a través de nuestra propia comunión, podamos atraer a otros hermanos a que acojan la salvación, a que alcen la mirada y pongan sus ojos en Jesús, en la cruz; porque la cruz es nuestra señal, la fuente de la salvación y de la alegría, el callado con el que caminamos hacia el cielo”.

Una Catedral en “transformación”

Durante su homilía, el Arzobispo de Valladolid, monseñor Luis Argüello, hizo alusión a las obras de restauración y revitalización que, bajo la dirección de la Fundación Las Edades del Hombre, se están ejecutando en el Conjunto Catedralicio, promovidas por el Arzobispado de Valladolid y cofinanciadas por el propio Arzobispado, el Gobierno de España, la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Valladolid.

En una primera fase, cuyo importe supera los seis millones de euros, se están acometiendo mejoras en el Patio de los Cipreses, el Museo Diocesano y Catedralicio, la Puerta de Santa María y la futura Biblioteca Histórica. “Quiera Dios”, avanzó el prelado, “que podamos acometer también la segunda, abordando la limpieza de todos sus muros, columnas, paredes, también adecentando este presbiterio y logrando que la belleza de la Catedral herreriana responda también en esta hora”.